Como cada tarde que le daba por ahí a la mujer, la vieja Mariló, la bolchevique, acudía a la taberna para su botella de anís matutina, pues las mañanas, decía, eran buen momento para hablar de política. Y mientras en la tele en la cadena pública hablaban de política desayunaban con café, churros y pestes al gobierno, la mujer desayunaba con anís, tortas de naranja y la añoranza de los viejos tiempos....

Y entre guiños por los lingotazos de anís, el hipo y la tosera cual palanca de coche a la que no le entra bien la marcha soltaba la Mariló:
-...Este gobierno es una mierda. Se dicen de izquierdas....bah...cof...cof...aggghhh...ptuu-
-...en la rusia comunista sí que se vivía a gusto...-
-Y se moría a gusto también,¿no cree?-Le salió al quite Mamen, la camarera.
-¿¡Qué me insinúas, fulanilla!?-
-No le insinúo, le nombro a Stalin y a Lenin-
-¡Esos no eran buenos ejemplos de comunismo!-
-¿Le nombro a Mao entonces?-
-¡Tampoco era un buen ejemplo, coño!-
-¿Y Fidel?-
-¡Ese era socialista!-
-¿Milosevic?-
-A ese no lo conozco. Te lo estás inventando niña-
Mamen, hasta los mismísimos de las gilipolleces de la vieja le soltó:
-Señora, si un ojo le llora métase a un partido y vaya a dar el porculo allí.
Este bar es una comuna apolítico-anarquista y sólo nos gusta nombrar la política en el trivial-,
mientras la arrastraba fuera del bar, valiéndose de lo resbaladizo de las suelas de las alpargatas
de mercadillo de la bolchevique.
-¿Y veo yo ahora los desayunos de la pública?. Es más, ¿dónde me emborracho ahora?-
-Como los quinceañeros, en la vía pública-



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